lunes, 8 de enero de 2018

AMA.

A mi Amor Eterno.

El fin de la vida es amar; no es ser amado, sino amar.
Quien Ama vive, quien no, muere cada día un poco.
Quien Ama, Ama para siempre, para toda la eternidad, hasta el fin de los tiempos. Ama inmortal.
Ama como nunca jamás nadie amó ni amará.

No importa en qué tiempo, a qué, a quién:
Ama un pensamiento, al recuerdo del recuerdo de un sujeto que recuerda con amor o sólo el amor del recuerdo del sujeto que recuerda. Ama la pasión, la ternura, el amor, a un otro real, inventado, idealizado, tal vez; o quizás o también Ama lo que de sí mismo hay en los otros; se Ama a sí mismo amando a un otro: al que le gustaría ser, al que no fue, al que puede ser, al que simplemente es.

¿Qué importa en qué tiempo, a qué o a quién Ama?
Ama en un beso al amante amado. Ama el beso del amante amado. Se Ama amante y amoroso.
Hay quien Ama, nostálgico, el pasado; los hay, también, realistas y aman el presente; y, sin dudas, Ama esperanzado quien Ama el futuro.
Ama en presente y si no, como imperativo: ¡Ama! Ama e inventa nuevos verbos y nuevas fórmulas y símbolos, y arpegios y compases, y texturas y colores, y olores que signifiquen amar.

Ama sin puntos ni comas ni respiros ni pausas como los temerarios amantes urgentes y desenfrenados que sin reparos apuran palabras y versos y prosas verborrágicas de amor casi hasta la asfixia. O Ama apaciguada y tranquilamente (con paréntesis precavidos… con silencios pronunciados…).

Ama altruísta. Y si se presenta el egoísmo, desconfía: no es amor, es egolatría.
Ama de la única forma que se puede amar: con Libertad.
Ama porque el amor se impone sólo a quien Ama y nunca al amado.
Ama con el cerebro, con el hígado, con todo el cuerpo; Ama desde lo más profundo de las tripas: Ama viseralmente.

El fin de la vida es amar; no es ser amado, sino amar.
Quien Ama, siente, y quien siente es, existe: vive.
Desdichado el que sólo es amado, predicado de la vida de un otro que tiene la valentía de amar, esto eso, de vivir. Ama, aunque mal no sea, el amor de quien te Ama.
Ama aunque te expongas, aunque te haga vulnerable amar, aunque a veces duela. Y si duele, Ama y abraza ese dolor que te recuerda que estás vivo.

Tan sólo AMA.



lunes, 22 de julio de 2013

Kilómetros al Sur.

Siquiera podría decirles qué número de discusión fue. Pero recuerdo que fue una de las últimas. Aunque en ese momento me negué a aceptarlo, hoy confieso que sentí celos.
Antes de despedirse con un simulado saludo indiferente que yo sabía amargo de angustia, llegué a rozarle uno de esos lánguidos brazos que colgaban de su breve ser. La amaba tanto que llegué a odiarla. Sentía que en todo estaba ella aún cuando ni ella ni yo lo deseáramos así.
Pensé que volvería. Que en ese instante en el que adiviné que dudaba, iba a darse la vuelta y subir nuevamente al auto... y que sin pensarlo demasiado nos íbamos a dar a la fuga y que ya nunca más nadie sabría de nosotros, de nuestra existencia, a no ser por alguna lejana noticia de algún periódico.
Sin embargo, testaruda como era, como es, llena de vacíos, como la sabía, siguió adelante sin mirar hacia atrás: sin volver su rostro para no encontrar mis ojos, lo sé.
Salí a toda velocidad sin rumbo exacto. Quería morir, y cada vez que llegaba a una esquina aceleraba un poco más buscando que el destino me encontrara poniendo fin a toda la locura que circulaba por mis venas, a toda esa bronca contenida desde hacía demasiado y que sentía a punto de desbocarme. Cuando reaccioné, me encontraba en una de esas calles céntricas que hay de vez en cuando. Intentaba pensar mientras rumiaba todos los insultos que se me cruzaron por la cabeza pero que no me animé a pronunciar adelante de ella. Quería que hubiera alguna víctima por mi desdicha. Quería yo convertirme en la víctima de mi dolor. Descendí un poco la marcha cuando pensé que era probable terminar atropellando a alguien sin lograr mi cometido.
Toqué mi bolsillo y recordé que tenía aún cien pesos en mi billetera. Despechado, pensé buscar consuelo en los brazos de alguna infeliz mujer que fingiera ser ella por un rato para descargar toda mi energía en su cuerpo. Sentí lástima de mí mismo.
Aún con la boca amarga por la cerveza que habíamos compartido o por los insultos no proferidos, pensé emborracharme hasta quedar inconsciente de ese dolor que empezaba a oprimirme el pecho. El problema no era qué iba a pasar conmigo una vez que entrara en coma. Lo terrible era tener que tomar esos primeros vasos, consciente, en plena soledad.
Para cuando recordé aquel bar al que siempre quise ir y nunca pude a causa de ella, ya estaba llegando a la autopista.
Recordé que en el auto mi padre solía dejar las llaves de una casa que había comprado en el campo. Pensé en dar la vuelta e ir a buscarla para llevarla hasta allí y resolver todas nuestras disputas y diferencias haciéndola mía una y otra vez bajo el cielo transparente y estrellado. Temí no soportar que me rechaza. Preferí pensar que nunca me hubiera dicho que no...
Poco a poco, en cada pensamiento, en cada nuevo plan, se me iba colando su imagen y comencé a preguntarme si acaso no era yo quien estaba equivocado. Pero ya era demasiado tarde.
Tomé la autopista... en la primer bajada cargué combustible con el dinero que en algún momento pensé invertir en una puta y saqué cuentas respecto a los kilómetros que podía recorrer.
Recordé que siempre que viajábamos hacia el sur, ella me indicaba en dónde tenía que doblar para seguir la ruta indicada. Entendí que ya nunca más iba a compartir ese viaje con ella. Ya nunca.
El pavimento solitario parecía marcar el rumbo indicado: aquel camino bifurcado que ya no compartiríamos. Llegué hasta el cruce. Detuve la marcha. Bajé del auto.
El frío comenzaba a calarme los huesos y yo sin comprender aún cuál de los desvíos era el correcto. La vi sonriente, canturreante, con el entusiasmo que solíamos tener cuando partíamos a la aventura: “en la próxima girá”. Sé que es absurdo, pero en ese momento comprendí que ya no la necesitaba y una melancolía colmó mi cuerpo... inhalaba melancolía sin lograr exhalarla.
Subí al auto. No quería regresar a casa. Ya no había hogar.
Tomé nuevamente la ruta; esta vez, en sentido contrario.
Me detuve a un costado del camino. Apagué las luces del auto y en la inmensidad del espacio me perdí fumando un cigarro para poder sacar mejor lo que estaba por dentro. Ya no sentía frío. Sólo sentía una profunda tranquilidad que llegaba a asustarme.

Estaba aclarando. Era un nuevo día. Parecía tan lejano aquel siniestro roce. Si fuera menos testaruda... si fuera menos orgulloso... pero no seríamos nosotros y no llegaría a odiarla tanto que podría amarla otra vez.

martes, 19 de marzo de 2013

NA-ser.


Sudor saturado de recuerdos intoxicantes que como un gas lacrimógeno se impregnan hasta lo más profundo de lo que simplemente es; en frente mío, palabras, silencios, palabras: lo veo truncarse, se metamorfosea hasta ser sabia de lo que florece como un nuevo alguien en el frágil campo minado de las batallas vividas.
Un caleidoscopio de la humanidad resumida cabe en un rápido vistazo y, sin embargo, permite ver la tierna desnudez de lo que somos.
Cuarenta años en cinco minutos se deslizan cual imagen especular e invertida entre quienes jugando a los excesos se encontraron como solitarios corazones.
Un minuto más... inhalación-exhalación... una hora más... sístole-diástole: ocho meses limpiando el alma, purificando el oxígeno y las ideas.
El bullicio, detalle de la ansiedad compartida, anuncia el terror de nacer a conciencia de ello, por propia elección egoísta, como probeta, como dios: padre e hijo de sí mismo.
Lo miro, me sonríe mientras seco la última lágrima.
Ya es hora ¿tan rápido pasó el tiempo? Lo abrazo mientras siento cómo un invisible muro normalizador crece y se impone: él ya está adentro y yo, afuera con él .
  

miércoles, 6 de febrero de 2013

EVA-H-AVE


Recordando los futuros del pasado se pregunta en qué desvío se han perdido los segundos, los minutos y hasta las horas enteras de sus sueños precoces.
La habilidad de ver en el ayer y en el mañana la gloria y la ceguera permanente del hoy, pesan sobre las alas heridas de la niña vuelta mujer sin siquiera notarlo; repasa cada movimiento para encontrarse de camino a algún lugar que tal vez pueda llamar hogar: ¿Dónde quedó ese cuerpo desgarbado al que había que repasar dos veces para sentirlo? ¿Dónde se perdió aquel hálito que no llegaba a ser más que una tímida voz cuando la pasión lograba arrebatar palabras bruscas e inexpertas que ensayaban ser una objeción, un grito?
Recuerda aquella vez que practicó ser una viuda en París; cuando fingió ser invisible en el subte; la vez que se encontró tan lejos de su hogar paterno que pensó que no regresaría jamás. Y sin embargo, el error, la imprecisión siempre se imponen como un límite a la memoria y no queda más remedio que asumir que todo aquello es mentira: caminó por Ivry Sur Seine con una sonrisa a pesar de la congoja; aún cuando se convenció de ser un fantasma en una línea verde camino a la facultad, un niño tuvo la insensatez de sonreírle y revelarla; sintió temor por sentir temor de nunca más volver.
Falsea cada verdad pasada... Tantos pero tantos futuros se perdieron, titilantes, en algún lejano lugar del universo... Acepta, entonces, que sólo resta la torpe certeza del incierto presente, de aquello tan gigante y efímero que, sospecha, ninguna mente humana ha sido nunca capaz de simbolizar claramente.
“Hoy”, “Ahora”, “Ya”... Impone categorías que no corresponden a la lógica del tiempo en un vano intento de amordazarlo.
Repasa cronológicamente su vida para ordenar su mente. Intenta, desesperadamente, poder decir quién es: “Hoy, 26 de julio de 1987, a las 12:15 horas, nació”. “Hoy, 26 de julio de 1997, cumple diez años”. “Hoy, 26 de julio de 2009, siendo las 15:20 horas, decide terminar con su primer gran amor”. “Hoy, 26 de julio de 2010, a las 21:34 horas, va a descubrir que se puede amar por segunda vez en la vida”.
Así, la vida, su vida, se parece a frías palabras distantes que siquiera le pertenecen. Azares que poco tienen que ver con este preciso instante, con este fugaz segundo que acaba por robarle la palabra y su ser.



jueves, 18 de octubre de 2012

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Y no sé por qué extraña casualidad te encontré transfigurando versos de inexistentes lenguas, jadeando preguntas incomprensibles, llorando penumbras.
Respirabas el alba y tu aliento era el mío. Llegué a olvidar mi nombre, mi cuerpo, mis pensamientos. Llegué a adivinarte tan exactamente que confundí tu deseo con el propio.
Era un día como hoy, eran unas horas como estas; penaba mis amores no declarados, fantaseaba con otros destinos, y en tu desfachatez encontré consuelo.
Lamías mis ganas secando la cordura arrebatada y yo, sin quererlo, te dejaba. Hablabas seriamente y algo habré escuchado porque lograste persuadirme sin más: nos mentimos la ególatra verdad y, satisfechos, brindamos por ello hasta el olvido. Y el “después” y el “mañana” era algo tan vago que ni la culpa tuvo lugar.
Todo se encontró mezclado, fuera de lugar, y para cuando volvimos a ser uno y otro las palabras no alcanzaron.
Era un día como hoy, eran unas horas como estas, en las que suspiro de vez en cuando el vano recuerdo de dos cuerpos compartidos por extraña casualidad.  

jueves, 5 de julio de 2012

Mon amie, mon amour...

Perfumes alrededor... caminata por un mar de fuego que se tiende en las alturas. Sonrío en una tarde de primavera en pleno julio pensando en tu sonrisa. 
Caricia con manos de intuición. Pienso, siento, río: vivo.
Sos una tierna melodía que me salpica con rayos de sol.
Bebo de a sorbitos las palabras que salen de tu boca y llenan el vientre de mi alma juguetona, de mi fértil felicidad...
Y todo lo que deseo es confundirme en tu mirada de niño, en tus ojos de dulce néctar que me embriaga. Eso: emborracharme en vos hasta que pierda la consciencia de quién soy.
El día se presta a quemar el escozor que alguna vez pudimos sentir.
Equilibrio de pretensiones, circunstancias conjugadas, casualidades resueltas a truncarse causalidades... Destino que le dicen... 
Mon amie, mon amour: "le printemps c'est joli comme tes yeux d' enfant..."





martes, 29 de mayo de 2012

Hermano.


A mi hermano del alma: Fede.

Te apareciste calcado de experiencias interpretadas de disímiles maneras.
Como si nos conociéramos de una vida anterior, rápido sellamos la confianza en la adversidad.
Sin que nos importara demasiado qué pudieran pensar quienes nos rodeaban por aquel entonces, compartimos detalles con la complicidad de quien sabe la incondicionalidad del afecto.
En veloces madrugadas, sembramos cariño ahí donde nos habían dejado funesta sequía. Remendamos juntos las teorías de amor que habían surgido de la incomprensión. Vos, herido por una historia que intentamos interpretar y a la que dimos fin con una carta de despedida nunca entregada. Yo, espantada por una mala parodia de Edipo que hubiera devenido en locura de no ser porque encontré tu mano sujetándome a este mundo.
Fuiste aquel que me dio el necesario empujón para volar en las alturas. Aquel que nunca dudó de mi palabra, de mi; quien me acompañó con la palabra aún antes de conocernos las caras.
Estás presente en todo momento sin reclamar ni un segundo de mi vida.
Versión masculina de mi: espejo en el que mido mis aciertos; sos quien tiernamente señala mis errores. 
Hermano por azar, de la vida y de la suerte.



martes, 10 de abril de 2012

NOCHES BLANCAS...

Quizá me encuentre buscando en vos algo de lo que yo carezco.
Lluvia, amarga savia del viejo árbol de la memoria que quisiera borrar.
Escucho el silencio que socava mi ser. Siento la inacción plagando mis huesos.
La vida se torna un sueño dentro de un sueño del que se hace imposible distinguir la vigilia. El momento de claridad, fugaz instante tibio como el sol de septiembre, pierde consistencia al encontrarme despertándome una y otra y otra vez en mi cama oscura, entre mis sábanas del color de la inmensidad estrellada.
Calma. Exasperante calma.
Siquiera mi voz rompe la inagotable monotonía de las gotas.
Cae mi cuerpo como el agua al río. Silencio. Sospecho una sonrisa enredada entre la penumbra. Adivino la existencia de ese otro que yace al lado mío y que no puedo ver, que aún no puedo descifrar, que tal vez nunca conozca. Un vacío profundo apuñala algo que se encuentra dentro mío. Toma mi mano y quema mi piel.
Angustia mordaz deja su huella en mi rostro y se confunde con el temporal.
El deseo por aquello que nunca vamos a conseguir nos resigna.
Quizá no sea ya capaz de compartirme y sin siquiera saberlo te culpo por ello.
Siento que pasan los días y sólo va quedando un destello de aquellos que supimos ser.
Cae el cielo. Aún continuamos solos, uno al lado del otro pero solos.
Las necesarias palabras que alguna vez callamos nunca podrán recuperar su tiempo perdido.
Y esta lluvia que no cesa, y esta noche que sólo da lugar a otras noches más largas, a unas noches blancas.


martes, 10 de enero de 2012

HOLA.

Cuatro soles en un cielo estallado asoman por el desierto pero nadie los ve. O quizá sólo sea uno grande que refracta en espejos de agua inmaculada.
Un gato ladra amores perros pero yo no entiendo su lengua.
Rodante bola cristalina despega de la piel y se suicida sin siquiera decir adiós. Otra la sigue, tímida, única, transparente como la calma y sin embargo... es motivada por una fuerza totalmente distante a ella, se sostiene, resiste su fatal destino, su inevitable realidad.
Es el momento previo al principio del fin del principio.
Mastico un silencio pronunciado, repaso mentalmente todas las posibles alternativas. De nada sirve. Cae la segunda gota al vacío quedando suspendida en el aire una milésima de segundo que percibo como una eternidad...
Temo... doy un paso hacia atrás... respiro hondo...
Un viento pesado repasa cada uno de mis cabellos... lo siento como si fueran las manos invisibles de un viejo y conocido mensajero que ahora se torna raro, ajeno completamente.
Sólo me consuela el alivio de qué sólo existe una primera vez... Quizá sólo sea la única vez.
Tiempo: medida inalcanzable de todo que siendo deja de ser. Todo pasado fue mejor porque al pasado corresponden las certezas que nos dan seguridad... Al pasado corresponde la muerte, siempre ya realizada, plena... la vida en su máximo potencial... Ironía del tiempo que mientras es, fue... Y sólo son cinco minutos los que tengo para arrepentirme, para inventar una excusa y salir corriendo y fingir que nunca he transitado por estos caminos.
Cómo secuestrar una partícula de tiempo y hacerla mía... hacerla mi certeza ahora, ya, sin que se me escape al recuerdo, sin que muera ya realizada...
Y la imposibilidad de llegar a mañana... y el presente que se hace memoria...
Cómo comprender el tiempo si un amanecer menos es un amanecer más...
Si cada instante ya pasó, si el mañana nunca llegará, si sólo con la muerte se paraliza el tiempo, si el recuerdo de lo que es, es memoria de lo pasado... cómo vivir hoy si es ayer vivido.
Me pregunto si el aire está calurosamente frío o si por el contrario es el frío el que me quema la piel... Intento descubrir si sólo es mi impresión o si quienes pasan a mi lado también lo sienten así. Parecen no notarlo, parece ser que me he vuelto invisible en algún momento de mi meditación...
Un escalofrío juega con mi compostura. Intento dominarme. Ya pasó, lo logré.
¿Qué hacía yo? Ah! Sí! Pensaba.
Se acerca... no logro descubrir su intención. Clavo firme mi mirada en sus ojos. Creo que me nota, que puede verme ¡Creo que ya no soy invisible! Retiro violentamente mi mirada y por un segundo me parece ver mi niñez disfrazada de anciana antes de que mis ojos encuentren el piso.
Recuerdo aquel día en el que me besaron por primera vez... ¿O acaso esa fue la segunda vez? ¿Por qué pienso en estas cosas en un momento como este?
Levanto la cabeza: ya está frente mío.
Trago saliva, disimulo la fatiga y al fin me digno a enfrentar un futuro pasado: Hola.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Cinco Minutos.

Quizá todo se trate de compartir cinco minutos de felicidad y luego, esperar...
Nada podrá quitármelos, pero quizá por eso mismo todo se hace más difícil...
La eterna espera, el sinsentido del día a día...
Sospecho que sólo el amor adolescente es capaz de producir un destello a la vez tan profundo como fugaz. Tan verdadero como satírico.
Todo lo que resta son buenos recuerdos de buenos momentos de un buen amor.
Vivir mediocre el que nos toca ahora, y es que tengo la certeza de que transitas tus horas con la misma ausencia... el mismo vacío nos corroe y empuja a hacer estupideces que sólo podemos justificar con argumentos falaces que conmueven a unos, enloquecen a otros, pero que, en el fondo, nosotros mismos no creemos.
La búsqueda de la satisfacción nos mueve por extremos que desdibujamos constantemente. Todo se trata de nosotros: nuestros tiempos, nuestras ganas, nuestros valores y acertijos, nuestros enigmas mentales que no estamos dispuestos a compartir. Y la música de fondo suena erráticamente siguiendo el compás que transmiten unas delicadas y ya debilitadas sinapsis neuronales vagas y frías y la gente a nuestro alrededor, baila una melodía que no llega a conmovernos.
No somos quienes fuimos, es cierto, probablemente hoy siquiera sepamos quiénes somos.
Ya no importa, y es que realmente nunca nada importó.
Quién te toma por asalto en tus noches? Me causaría risa verte fingir amor y es que conozco demasiado bien esos ojos...
Qué perturba tu eterno silencio?
Tus contradicciones, las mías, nuestras farsas humanas, nuestras humanas farsas... Siento lástima por nosotros a veces, no lo voy a ocultar.
Instituciones, cinturones mentales, familias odiosas, miedos... miedos... miedos.
Enamoramientos intensos, rápidos, destructivos, múltiples, compartidos... y así y todo... nos sabemos... sabemos el uno del otro, de nuestra existencia, de un mundito cortito, muy cortito, al que aspiramos alguna vez y que soñás construir solitariamente. Y es ahí cuando ese vacío se te cuela detrás de una sonrisa casi satisfecha, y ese vacío tiene nombre, un nombre gastado de tanto pronunciarlo, un nombre que cambió de sentido con el pasar de los años, un nombre que ya pierde el sentido de tanto repetirlo.
Mi mal tiene un nombre, también, y coincide con el tuyo.
Mi mundo se mezcla todo el tiempo con vos y llego a odiar lo que hay de vos dentro de mí.
Desterrarte del vocablo humano es mi mayor aspiración por estos días, y es por eso que ninguno de los míos te nombra completo cuando se encuentran frente a mi. El inconveniente se me presenta constantemente al adivinarte en otras palabras: dolor. Así te llamo ahora. Hiciste tuyos los verbos más despreciables de la historia. Sos mi trauma existencial.
Cruel ironía del destino que me encuentre en los momentos menos oportunos recordando instantes compartidos con el ser que más penas me ha causado.
Hoy me siento miserable por haber vivido esos cinco minutos. Y sin embargo, valió la pena.
Son cinco minutos en toda la eternidad lo que ha llegado a quitarnos el sueño y gran parte de nuestro futuro.
Sé que vas a negar todo, últimamente se ha vuelto tu estilo hacerlo. No importa.
Y es que nada nunca realmente importó.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Libertango.

Resistiendo aunque duela, aunque a veces dude, aunque a veces tema.
Resistiendo el silencio, la palabra...
Mi cuerpo resiste.
Mi alma... y es que hoy siento que tengo algo semejante.
Resistiendo, eso... resistiendo.
Callar... hablar... sentir... llorar... todo se amontona en un gesto que queda mudo, inexpresivo, inmutable por la infinidad de un segundo intenso.
La ira, el amor, el desgarro, la pasión, el desamor, la felicidad, el espanto, tristeza, angustia, alegría...la ira otra vez... es sólo un compás lo que te evoca... ese perfume que ya no recuerdo, las suaves manos que ya no sé si las soñé o son, una sonrisa... el calor, el sofoco, un suspiro pronunciado, un temblor de noche, el aliento agitado sobre el cuello, un susurro entrecortado, la pausa que antecede a esa mirada fija y satisfecha desdibujada... Por un instante: sólo existen esos ojos en el mundo... Por un instante: esos son los ojos plenos del universo y sólo me miran a mí.
Resistiendo la soledad aunque me duela, aunque a veces te extrañe, aunque siempre dude y tema, aunque un libertango me obligue a recordarte.
Resistiendo aunque tu voz se haga cada vez más nítida, aunque recuerde ahora tu perfume como propio; aunque mi piel se erice de tan sólo sospecharte próximo.
Me muerdo la boca para no nombrarte y respiro profundo para no ahogarme en el vértigo de la inmensidad del cielo estrellado.
Y va concluyendo la música y no se me quitan las ganas.
Y resisto hasta ya no poder.

lunes, 30 de mayo de 2011

Instante.

Y de repente... todos fuimos niños. Fue aquella tarde soleada y fría en la que, a costa de vencer varios miedos, había adquirido unos nuevos juguetes. Nadie pudo resistir la tentación de jugar una vez más; parecía tan fácil y divertido que era casi un absurdo no intentarlo.
Volaban cosas por el aire empujadas por una brisa de carcajadas que parecía mantenerlas en vuelo, como si cada palabra, pelota, clava, sonrisa quedara suspendida eternamente en un instante brillante, feliz, apasionado... y es que en realidad todos estábamos volando.
Nadie sintió vergüenza ni miedo al fracaso... nadie se preocupó por conservar intactas aquellas cosas que eran “tan fundamentales para nuestra felicidad” y que de repente se convirtieron en el telón de fondo de aquel circo familiar improvisado.
Todos éramos nuevos en algo, todos lo hacíamos por primera vez, todos éramos potenciales malabaristas, acróbatas, payasos... Los miedos no tenían lugar: todos éramos contrabandistas de sensaciones, inconscientes soñadores despiertos.
Fue así como, de manera inesperada, un niño que rozaba los sesenta años y dos niñas los suficientemente maduras como para jugar a ser madres pudieron comprender el secreto de la vida, de la muerte, del tiempo, de la felicidad; en un segundo vieron toda su vida, se vieron desde arriba, desde lejos, ajenos a ellos mismos y siendo ellos como quizá nunca antes lo habían sido... vieron una estrella, una tarde de otoño, su primer sonrisa, el Aleph y hasta el instante mismo en el que fueron concebidos... se vieron como humanidad, como los otros los ven, como nadie nunca los vio.
El universo entero se estremeció de tal forma que el tiempo se detuvo por unos segundos aquella tarde soleada y fría en la que todos fuimos niños una vez más y el infinito se reveló ante nosotros.

miércoles, 30 de marzo de 2011

...

Me duele el mundo, me duele la soledad de la multitud aquietada...
Me duelen tus lágrimas... las que no veo y sé que provoqué...
Sufro porque sé que no soy la que soñamos...
Me duele la certeza de la duda... la duda que se incrusta luego de la certeza...
Los mundos que soñamos y no construimos...
Las ausencias que no sé reivindicar... Los hijos que no fueron, las ideas que quedaron sólo en eso...
Me duele el temor... me pesa el egoísmo... y hasta a veces se me impone arrancarme la piel para ver si soy humana... para ver si el dolor físico acalla la angustia que me provoca saberme un ser insignificante...
Me avergüenza ser así... tan llena de excusas que estoy vacía...
La sangre me quema, el corazón me galopa pensando que es posible y detrás me pisa la muerte y galopo y galopo pensando que la muerte es nada si es para otros... y en los puños se me agolpa la necesidad de derribar estas cuatro paredes protocolares en las que me han encerrado desde pequeña.
Sembradora de amor, eso es lo que quiero ser... Soñadora despierta, madre de todos, guitarra del artista, dueña de nadie, creadora de mundos, escritora de la historia, cantora de la revuelta...
Soy canción y soy camino; soy la misma que ayer y tan distinta a esa otra...

miércoles, 13 de octubre de 2010

COMENTARIO 1

Y siendo otros pudimos ser nosotros mismos... No los que nos habían dicho que éramos... sino quienes el alma nos imponía ser... Y si esto es la "locura", que forma más linda de libertad... internos, sí; encerrados en la infinitud del universo del ser...
Sintiendo, fuimos uno... Fuimos muchos... Fuimos todos... Quizá por eso parezca que no somos nada...

jueves, 7 de octubre de 2010

Sueños de Libertad.

Sueños de Libertad.
A mi compañero alado.

Mantenga el vuelo, camarada, que sólo volando se es realmente libre.
El aire de alamedas nos da qué respirar.
El cielo es nuestro, hermano.
Bien lo conocen nuestras pupilas que toda una vida lo recorrieron juntas,
vida eterna trunca antes de tiempo.
No cierre los ojos, compañero... el vértigo es lo que nos permite saber que aún estamos vivos.
Aún me parece ver su cuerpo arremolinado de felicidad, de plenitud, y hoy ya no distingo si es que está por encima de las cabezas o por debajo de un cóndor.
Una esperanza late en el pecho: volver a ser los que fuimos... dos cuerpos alados... ¡qué digo! Un par de alas con cuerpo...
Una certeza alborota las ideas: saber que es posible...
Pueblos de sal, caminos intransitables, paisajes hostiles han vislumbrado un instante de nuestras sombras bailarinas y, en ese mismo instante, nuestras almas quedaron desnudas y todo lo que éramos en potencia fue en una milésima de segundo...
Salte al vacío, amigo... que era lo mejor que sabía hacer por aquellos tiempos de parrales brillantes y noches excesivas...
Las estrellas, todas ellas, en su imposible infinitud limitada, han sido nuestro hogar; los soles de cada atardecer, nuestros tibios cómplices...
Las nubes de todos los tiempos nos reclaman... extrañan la rebelde juventud que nuestra locura irreconciliable regalaba al mundo...
No tenga miedo, mi niño... la tierra siempre estará bajo nuestros pies y el infinito por sobre nuestras ideas... y si la muerte llegara a encontrarnos en caída libre, sepa que ese mismo día el mundo, el universo entero, con todos sus cielos y todos sus pájaros, será por el resto de la historia nuestro...
Le voy soltando la mano, mi querido... recuerde que para poder volar, primero hay que dejarse caer...
Prometa seguir volando... seguir amando... seguir perfumando el viento con ese aroma tan suyo... tan parecido a los sueños de libertad...

Desde el fondo del abismo.


“En el fondo del abismo, sólo restan dos opciones:
buscar un motivo para subir o
resignarse a morir sin él”.
Y con la resignación acentuada en su voz dijo: “cuando te caigas me vas a encontrar tratando de sujetarte; soy consciente de que me quedan pocas fuerzas y que lo más probable es que caigamos los dos al vacío, pero eso no me asusta... sé que cuando necesite un par de brazos que me rescaten no los voy a encontrar, no vas a estar... está bien que sea así... tampoco me da temor eso... se nace solo y se muere de la misma forma, todo lo que sucede en el medio, la vida si querés, es pura ficción... la vida es complicada... es una mierda”.
“La vida es linda, la vida es linda”, repetía El. Ella no entendió si trataba de convencerla o convencerse... sea cual fuere su intención, pareció no lograr efecto en ninguno de los dos.
Con un tono que Ella le desconocía, le dijo: “Ahora me vas a escuchar”; quizás la sorprendió por ser demasiado mundano... quizás porque lo hacía parecer un hombre, un hombre castigado por una vida que El creía llena de nada, o mejor dicho, de recuerdos... Luego de eso, Ella perdió el sentido... sus oídos, su cuerpo entero no era capaz de resistir más castigos... sabía que estaba cayendo y la preocupaba saber qué tan lejos se encontraba el fondo... y estaba perdida en sus meditaciones pensando en el abismo de su ser cuando la realidad o El la interpeló casi con una súplica: “una vez te pedí un tiempo y me lo negaste, ¿me das un tiempo ahora?, ¿un tiempo como sostén?”. La respuesta cayó como por el mismo peso de la gravedad, sin ser pensada, puesto que el tiempo parecía demasiado escaso para los dos, o así lo percibía Ella... creo que es en esas circunstancias cuando las palabras apresuradas son las expresiones del alma... en este caso, un alma que se notaba desagarrada: “no... no puedo... la vida se me va esperando no se qué cosa... sé que no puedo sostenerme a mí misma, por eso no puedo esperar(te), quizás en algún tiempo me encuentres... pero no puedo asegurarlo”; en ese mismo instante pensó afligida: “¿y a mi qué me espera?”, y aunque no se animó a decirlo, se le adivinó en un gesto angustiado; se dio cuenta, entonces, que El ignoraba su situación: no se había percatado de que Ella ya no estaba ahí, que necesitaba una mano que la sujetara a algo firme antes de que pudiera averiguar qué tan lejos yacía el fondo; tampoco vio que en ese momento tuvo la certeza de que existen muchas formas de estar muerto... si hubiera posado aunque sea por un instante sus ojos en los de Ella, hubiera percibido que no estaba con la niña que había conocido varios años atrás, sino con una mujer que hacía tiempo deambulaba medio muerta por la ciudad y que con el último aliento que lograba provocar un sol que a veces le entibiaba la sangre buscaba una razón para seguir respirando.

Y después...
El Silencio...

No sabían cuánto tiempo había transcurrido, pero El parecía estar pensando seriamente en algo... Ella lo notó cuando descendió la marcha casi llegando a su casa para dejarla para siempre... se repetía a sí misma “una razón por la que morir, es un sentido por el cual vivir”, casi del mismo modo en el que El lo había hecho cuando (se) decía “la vida es linda, la vida es linda”...
Llegando a la puerta de su casa, no podía dejar de compadecerse por lo sola y vacía que se sentiría esa noche... se decía, para consolarse, que de todos modos se parecería mucho a la sensación que la agobiaba casi todos los días al caer el sol, cuando encontraba una cama demasiado grande para su cuerpo agonizante...
Creo que fue porque puedo ver la convicción que tenía Ella que decidió, por los dos, que dormirían juntos... Ella, que estaba demasiado sumergida en lo oscuro de sí misma, no comprendió que de alguna forma estaba decidiendo conservarla en su vida... fue recién al otro día, cuando ya no estaba El a su lado que lo entendió así y le agradeció por uno de eso medios que no dejan ver que tan triste se encuentra uno cuando no puede estar cara a cara con la persona a la que se le debe la última noche con algo de vida...
Reaccionó, prendió un cigarro en la cama mientras miraba el cielo gris y pensaba en qué debía hacer... se quedó dormida... volvió a despertar... prendió otro cigarro... ya no veía el cielo gris sino una fuerte lluvia... pensó si narcotizarse la ayudaría a apagar el dolor... se distrajo mientras comprendía que la herida del alma de alguna forma se había secado, pues no podía llorar y se preguntaba si era necesario encontrar brazos dispuestos a atajarla o si debía resignarse a morir estrellada en el piso en ese mismo momento... volvió a dormirse...
Luego de varias horas, despertó.
Desayunaba ojeando un periódico cuando una frase captó su atención: “Perforada, desangrada, ya estaba por caer bajo el efecto de los calmantes en el quirófano, pero alcanzó a hacer un anuncio a los médicos: 'Qué linda es la vida'. Y se le cerraron los ojos”. Recordó, entonces, la última vez que había experimentado esa sensación y en lo que El había repetido, una y otra vez, la noche anterior y se preguntó si no se lo estaría diciendo a ella... Pensó, por último, en la operación que El debería enfrentar dentro de dos días y en lo mucho que se parecían esas líneas a lo que estaban viviendo... Creo que fue en ese momento en el que sintió la necesidad de escribir esto...
Luego de repasar lo sucedido, encontró los rastros de lo que El había hecho sin sospechar que Ella estaba durmiendo en un agujero que parecía no tener fin... una toalla fuera de lugar, un cigarrillo apagado apresuradamente en un cenicero... se dio cuenta de que era verdad: vivía sola y si podía descifrar sus movimientos era por “esos pequeños detalles que hacen grande la vida” de los que le hablaba El...
Confundida, no sabía si lo volvería a ver... habían acordado un proyecto en común... se había quedado a dormir como forma de decir lo que con palabras no se puede transmitir al cuerpo (“no te quiero perder... estamos perdidos”)...
“Qué debo hacer... qué quiero hacer... estoy sola”, pensaba una y otra y otra vez desde hacía unos días... pero ahora, sus palabras resonaban con más fuerza: eran el eco desde el fondo del abismo.

BUENOS AIRES.

Buenos Aires: tan fría, tan lejana, tan distinta a mí...
deambulo casi muerta entre tus calles,
un fino rayo de sol mantiene mi pulso debilitado
y el recuerdo de otro paisaje en el que “soy”
me mantiene en pie.
Buenos Aires tan perjudiciales para mi felicidad,
tan asesina de mí, tan egoísta de tu gente:
me asfixian tus caminos y de tu naturaleza
sólo queda la conciencia de saber que debajo de tu gris
pavimento se hallan las tierras que yo sueño...
Ciudad oscura: ¡no saciarás tu sed con mi sangre!,
¡no te alimentarás de mis sueños!, ¡no me engañarás con tus farsas, con tus hipocresías vacías!
¡No dejaré que quede en ti mi cuerpo cuando me llegue la hora!
Pobre ciudad frustrada: tus luces nunca podrán iluminar más que las estrellas del cielo que yo conozco; tus anchas avenidas jamás podrán superar los largos senderos que a pie he recorrido; tus ruidos excesivos no podrán acallar los estruendos de los imponentes truenos de la montaña.
Tus llanuras no hacen más que reflejar lo vacío de tu ser.
Intenta matarme, ya estás muerta.
Intenta seducirme, yo estoy enamorada.
Intenta, sólo intenta, tocarme el corazón... Verás que no sabes lo qué es amar...
Soy tu hija bastarda, la que nunca quisiste tener...
Mi voz abrirá senderos que quebrarán tu cemento,
será la guía de quienes quieran ver...
Arderán en ti mis pasos...
Seré tu odisea...
Amaré a quienes te odien, odiarás a quienes me amen...
Cuidad desalmada: el cruel letargo al que intentas inducirme no hace más que convencerme: ¡ha llegado la hora de despertar de esta lóbrega pesadilla que me provocas!