martes, 10 de enero de 2012

HOLA.

Cuatro soles en un cielo estallado asoman por el desierto pero nadie los ve. O quizá sólo sea uno grande que refracta en espejos de agua inmaculada.
Un gato ladra amores perros pero yo no entiendo su lengua.
Rodante bola cristalina despega de la piel y se suicida sin siquiera decir adiós. Otra la sigue, tímida, única, transparente como la calma y sin embargo... es motivada por una fuerza totalmente distante a ella, se sostiene, resiste su fatal destino, su inevitable realidad.
Es el momento previo al principio del fin del principio.
Mastico un silencio pronunciado, repaso mentalmente todas las posibles alternativas. De nada sirve. Cae la segunda gota al vacío quedando suspendida en el aire una milésima de segundo que percibo como una eternidad...
Temo... doy un paso hacia atrás... respiro hondo...
Un viento pesado repasa cada uno de mis cabellos... lo siento como si fueran las manos invisibles de un viejo y conocido mensajero que ahora se torna raro, ajeno completamente.
Sólo me consuela el alivio de qué sólo existe una primera vez... Quizá sólo sea la única vez.
Tiempo: medida inalcanzable de todo que siendo deja de ser. Todo pasado fue mejor porque al pasado corresponden las certezas que nos dan seguridad... Al pasado corresponde la muerte, siempre ya realizada, plena... la vida en su máximo potencial... Ironía del tiempo que mientras es, fue... Y sólo son cinco minutos los que tengo para arrepentirme, para inventar una excusa y salir corriendo y fingir que nunca he transitado por estos caminos.
Cómo secuestrar una partícula de tiempo y hacerla mía... hacerla mi certeza ahora, ya, sin que se me escape al recuerdo, sin que muera ya realizada...
Y la imposibilidad de llegar a mañana... y el presente que se hace memoria...
Cómo comprender el tiempo si un amanecer menos es un amanecer más...
Si cada instante ya pasó, si el mañana nunca llegará, si sólo con la muerte se paraliza el tiempo, si el recuerdo de lo que es, es memoria de lo pasado... cómo vivir hoy si es ayer vivido.
Me pregunto si el aire está calurosamente frío o si por el contrario es el frío el que me quema la piel... Intento descubrir si sólo es mi impresión o si quienes pasan a mi lado también lo sienten así. Parecen no notarlo, parece ser que me he vuelto invisible en algún momento de mi meditación...
Un escalofrío juega con mi compostura. Intento dominarme. Ya pasó, lo logré.
¿Qué hacía yo? Ah! Sí! Pensaba.
Se acerca... no logro descubrir su intención. Clavo firme mi mirada en sus ojos. Creo que me nota, que puede verme ¡Creo que ya no soy invisible! Retiro violentamente mi mirada y por un segundo me parece ver mi niñez disfrazada de anciana antes de que mis ojos encuentren el piso.
Recuerdo aquel día en el que me besaron por primera vez... ¿O acaso esa fue la segunda vez? ¿Por qué pienso en estas cosas en un momento como este?
Levanto la cabeza: ya está frente mío.
Trago saliva, disimulo la fatiga y al fin me digno a enfrentar un futuro pasado: Hola.