Quizá todo se trate de compartir cinco minutos de felicidad y luego, esperar...
Nada podrá quitármelos, pero quizá por eso mismo todo se hace más difícil...
La eterna espera, el sinsentido del día a día...
Sospecho que sólo el amor adolescente es capaz de producir un destello a la vez tan profundo como fugaz. Tan verdadero como satírico.
Todo lo que resta son buenos recuerdos de buenos momentos de un buen amor.
Vivir mediocre el que nos toca ahora, y es que tengo la certeza de que transitas tus horas con la misma ausencia... el mismo vacío nos corroe y empuja a hacer estupideces que sólo podemos justificar con argumentos falaces que conmueven a unos, enloquecen a otros, pero que, en el fondo, nosotros mismos no creemos.
La búsqueda de la satisfacción nos mueve por extremos que desdibujamos constantemente. Todo se trata de nosotros: nuestros tiempos, nuestras ganas, nuestros valores y acertijos, nuestros enigmas mentales que no estamos dispuestos a compartir. Y la música de fondo suena erráticamente siguiendo el compás que transmiten unas delicadas y ya debilitadas sinapsis neuronales vagas y frías y la gente a nuestro alrededor, baila una melodía que no llega a conmovernos.
No somos quienes fuimos, es cierto, probablemente hoy siquiera sepamos quiénes somos.
Ya no importa, y es que realmente nunca nada importó.
Quién te toma por asalto en tus noches? Me causaría risa verte fingir amor y es que conozco demasiado bien esos ojos...
Qué perturba tu eterno silencio?
Tus contradicciones, las mías, nuestras farsas humanas, nuestras humanas farsas... Siento lástima por nosotros a veces, no lo voy a ocultar.
Instituciones, cinturones mentales, familias odiosas, miedos... miedos... miedos.
Enamoramientos intensos, rápidos, destructivos, múltiples, compartidos... y así y todo... nos sabemos... sabemos el uno del otro, de nuestra existencia, de un mundito cortito, muy cortito, al que aspiramos alguna vez y que soñás construir solitariamente. Y es ahí cuando ese vacío se te cuela detrás de una sonrisa casi satisfecha, y ese vacío tiene nombre, un nombre gastado de tanto pronunciarlo, un nombre que cambió de sentido con el pasar de los años, un nombre que ya pierde el sentido de tanto repetirlo.
Mi mal tiene un nombre, también, y coincide con el tuyo.
Mi mundo se mezcla todo el tiempo con vos y llego a odiar lo que hay de vos dentro de mí.
Desterrarte del vocablo humano es mi mayor aspiración por estos días, y es por eso que ninguno de los míos te nombra completo cuando se encuentran frente a mi. El inconveniente se me presenta constantemente al adivinarte en otras palabras: dolor. Así te llamo ahora. Hiciste tuyos los verbos más despreciables de la historia. Sos mi trauma existencial.
Cruel ironía del destino que me encuentre en los momentos menos oportunos recordando instantes compartidos con el ser que más penas me ha causado.
Hoy me siento miserable por haber vivido esos cinco minutos. Y sin embargo, valió la pena.
Son cinco minutos en toda la eternidad lo que ha llegado a quitarnos el sueño y gran parte de nuestro futuro.
Sé que vas a negar todo, últimamente se ha vuelto tu estilo hacerlo. No importa.
Y es que nada nunca realmente importó.
Y es que nada nunca realmente importó.