Sudor saturado de
recuerdos intoxicantes que como un gas lacrimógeno se impregnan
hasta lo más profundo de lo que simplemente es; en frente mío,
palabras, silencios, palabras: lo veo truncarse, se metamorfosea
hasta ser sabia de lo que florece como un nuevo alguien en el frágil
campo minado de las batallas vividas.
Un caleidoscopio de la
humanidad resumida cabe en un rápido vistazo y, sin embargo, permite
ver la tierna desnudez de lo que somos.
Cuarenta años en cinco
minutos se deslizan cual imagen especular e invertida entre quienes
jugando a los excesos se encontraron como solitarios corazones.
Un minuto más...
inhalación-exhalación... una hora más... sístole-diástole:
ocho meses limpiando el alma, purificando el oxígeno y las ideas.
El bullicio, detalle de
la ansiedad compartida, anuncia el terror de nacer a conciencia de
ello, por propia elección egoísta, como probeta, como dios: padre e
hijo de sí mismo.
Lo miro, me sonríe
mientras seco la última lágrima.
Ya es hora ¿tan rápido
pasó el tiempo? Lo abrazo mientras siento cómo un invisible muro
normalizador crece y se impone: él ya está adentro y yo, afuera con
él .
No hay comentarios:
Publicar un comentario