martes, 19 de marzo de 2013

NA-ser.


Sudor saturado de recuerdos intoxicantes que como un gas lacrimógeno se impregnan hasta lo más profundo de lo que simplemente es; en frente mío, palabras, silencios, palabras: lo veo truncarse, se metamorfosea hasta ser sabia de lo que florece como un nuevo alguien en el frágil campo minado de las batallas vividas.
Un caleidoscopio de la humanidad resumida cabe en un rápido vistazo y, sin embargo, permite ver la tierna desnudez de lo que somos.
Cuarenta años en cinco minutos se deslizan cual imagen especular e invertida entre quienes jugando a los excesos se encontraron como solitarios corazones.
Un minuto más... inhalación-exhalación... una hora más... sístole-diástole: ocho meses limpiando el alma, purificando el oxígeno y las ideas.
El bullicio, detalle de la ansiedad compartida, anuncia el terror de nacer a conciencia de ello, por propia elección egoísta, como probeta, como dios: padre e hijo de sí mismo.
Lo miro, me sonríe mientras seco la última lágrima.
Ya es hora ¿tan rápido pasó el tiempo? Lo abrazo mientras siento cómo un invisible muro normalizador crece y se impone: él ya está adentro y yo, afuera con él .
  

No hay comentarios:

Publicar un comentario