lunes, 5 de diciembre de 2011

Cinco Minutos.

Quizá todo se trate de compartir cinco minutos de felicidad y luego, esperar...
Nada podrá quitármelos, pero quizá por eso mismo todo se hace más difícil...
La eterna espera, el sinsentido del día a día...
Sospecho que sólo el amor adolescente es capaz de producir un destello a la vez tan profundo como fugaz. Tan verdadero como satírico.
Todo lo que resta son buenos recuerdos de buenos momentos de un buen amor.
Vivir mediocre el que nos toca ahora, y es que tengo la certeza de que transitas tus horas con la misma ausencia... el mismo vacío nos corroe y empuja a hacer estupideces que sólo podemos justificar con argumentos falaces que conmueven a unos, enloquecen a otros, pero que, en el fondo, nosotros mismos no creemos.
La búsqueda de la satisfacción nos mueve por extremos que desdibujamos constantemente. Todo se trata de nosotros: nuestros tiempos, nuestras ganas, nuestros valores y acertijos, nuestros enigmas mentales que no estamos dispuestos a compartir. Y la música de fondo suena erráticamente siguiendo el compás que transmiten unas delicadas y ya debilitadas sinapsis neuronales vagas y frías y la gente a nuestro alrededor, baila una melodía que no llega a conmovernos.
No somos quienes fuimos, es cierto, probablemente hoy siquiera sepamos quiénes somos.
Ya no importa, y es que realmente nunca nada importó.
Quién te toma por asalto en tus noches? Me causaría risa verte fingir amor y es que conozco demasiado bien esos ojos...
Qué perturba tu eterno silencio?
Tus contradicciones, las mías, nuestras farsas humanas, nuestras humanas farsas... Siento lástima por nosotros a veces, no lo voy a ocultar.
Instituciones, cinturones mentales, familias odiosas, miedos... miedos... miedos.
Enamoramientos intensos, rápidos, destructivos, múltiples, compartidos... y así y todo... nos sabemos... sabemos el uno del otro, de nuestra existencia, de un mundito cortito, muy cortito, al que aspiramos alguna vez y que soñás construir solitariamente. Y es ahí cuando ese vacío se te cuela detrás de una sonrisa casi satisfecha, y ese vacío tiene nombre, un nombre gastado de tanto pronunciarlo, un nombre que cambió de sentido con el pasar de los años, un nombre que ya pierde el sentido de tanto repetirlo.
Mi mal tiene un nombre, también, y coincide con el tuyo.
Mi mundo se mezcla todo el tiempo con vos y llego a odiar lo que hay de vos dentro de mí.
Desterrarte del vocablo humano es mi mayor aspiración por estos días, y es por eso que ninguno de los míos te nombra completo cuando se encuentran frente a mi. El inconveniente se me presenta constantemente al adivinarte en otras palabras: dolor. Así te llamo ahora. Hiciste tuyos los verbos más despreciables de la historia. Sos mi trauma existencial.
Cruel ironía del destino que me encuentre en los momentos menos oportunos recordando instantes compartidos con el ser que más penas me ha causado.
Hoy me siento miserable por haber vivido esos cinco minutos. Y sin embargo, valió la pena.
Son cinco minutos en toda la eternidad lo que ha llegado a quitarnos el sueño y gran parte de nuestro futuro.
Sé que vas a negar todo, últimamente se ha vuelto tu estilo hacerlo. No importa.
Y es que nada nunca realmente importó.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Libertango.

Resistiendo aunque duela, aunque a veces dude, aunque a veces tema.
Resistiendo el silencio, la palabra...
Mi cuerpo resiste.
Mi alma... y es que hoy siento que tengo algo semejante.
Resistiendo, eso... resistiendo.
Callar... hablar... sentir... llorar... todo se amontona en un gesto que queda mudo, inexpresivo, inmutable por la infinidad de un segundo intenso.
La ira, el amor, el desgarro, la pasión, el desamor, la felicidad, el espanto, tristeza, angustia, alegría...la ira otra vez... es sólo un compás lo que te evoca... ese perfume que ya no recuerdo, las suaves manos que ya no sé si las soñé o son, una sonrisa... el calor, el sofoco, un suspiro pronunciado, un temblor de noche, el aliento agitado sobre el cuello, un susurro entrecortado, la pausa que antecede a esa mirada fija y satisfecha desdibujada... Por un instante: sólo existen esos ojos en el mundo... Por un instante: esos son los ojos plenos del universo y sólo me miran a mí.
Resistiendo la soledad aunque me duela, aunque a veces te extrañe, aunque siempre dude y tema, aunque un libertango me obligue a recordarte.
Resistiendo aunque tu voz se haga cada vez más nítida, aunque recuerde ahora tu perfume como propio; aunque mi piel se erice de tan sólo sospecharte próximo.
Me muerdo la boca para no nombrarte y respiro profundo para no ahogarme en el vértigo de la inmensidad del cielo estrellado.
Y va concluyendo la música y no se me quitan las ganas.
Y resisto hasta ya no poder.

lunes, 30 de mayo de 2011

Instante.

Y de repente... todos fuimos niños. Fue aquella tarde soleada y fría en la que, a costa de vencer varios miedos, había adquirido unos nuevos juguetes. Nadie pudo resistir la tentación de jugar una vez más; parecía tan fácil y divertido que era casi un absurdo no intentarlo.
Volaban cosas por el aire empujadas por una brisa de carcajadas que parecía mantenerlas en vuelo, como si cada palabra, pelota, clava, sonrisa quedara suspendida eternamente en un instante brillante, feliz, apasionado... y es que en realidad todos estábamos volando.
Nadie sintió vergüenza ni miedo al fracaso... nadie se preocupó por conservar intactas aquellas cosas que eran “tan fundamentales para nuestra felicidad” y que de repente se convirtieron en el telón de fondo de aquel circo familiar improvisado.
Todos éramos nuevos en algo, todos lo hacíamos por primera vez, todos éramos potenciales malabaristas, acróbatas, payasos... Los miedos no tenían lugar: todos éramos contrabandistas de sensaciones, inconscientes soñadores despiertos.
Fue así como, de manera inesperada, un niño que rozaba los sesenta años y dos niñas los suficientemente maduras como para jugar a ser madres pudieron comprender el secreto de la vida, de la muerte, del tiempo, de la felicidad; en un segundo vieron toda su vida, se vieron desde arriba, desde lejos, ajenos a ellos mismos y siendo ellos como quizá nunca antes lo habían sido... vieron una estrella, una tarde de otoño, su primer sonrisa, el Aleph y hasta el instante mismo en el que fueron concebidos... se vieron como humanidad, como los otros los ven, como nadie nunca los vio.
El universo entero se estremeció de tal forma que el tiempo se detuvo por unos segundos aquella tarde soleada y fría en la que todos fuimos niños una vez más y el infinito se reveló ante nosotros.

miércoles, 30 de marzo de 2011

...

Me duele el mundo, me duele la soledad de la multitud aquietada...
Me duelen tus lágrimas... las que no veo y sé que provoqué...
Sufro porque sé que no soy la que soñamos...
Me duele la certeza de la duda... la duda que se incrusta luego de la certeza...
Los mundos que soñamos y no construimos...
Las ausencias que no sé reivindicar... Los hijos que no fueron, las ideas que quedaron sólo en eso...
Me duele el temor... me pesa el egoísmo... y hasta a veces se me impone arrancarme la piel para ver si soy humana... para ver si el dolor físico acalla la angustia que me provoca saberme un ser insignificante...
Me avergüenza ser así... tan llena de excusas que estoy vacía...
La sangre me quema, el corazón me galopa pensando que es posible y detrás me pisa la muerte y galopo y galopo pensando que la muerte es nada si es para otros... y en los puños se me agolpa la necesidad de derribar estas cuatro paredes protocolares en las que me han encerrado desde pequeña.
Sembradora de amor, eso es lo que quiero ser... Soñadora despierta, madre de todos, guitarra del artista, dueña de nadie, creadora de mundos, escritora de la historia, cantora de la revuelta...
Soy canción y soy camino; soy la misma que ayer y tan distinta a esa otra...

miércoles, 13 de octubre de 2010

COMENTARIO 1

Y siendo otros pudimos ser nosotros mismos... No los que nos habían dicho que éramos... sino quienes el alma nos imponía ser... Y si esto es la "locura", que forma más linda de libertad... internos, sí; encerrados en la infinitud del universo del ser...
Sintiendo, fuimos uno... Fuimos muchos... Fuimos todos... Quizá por eso parezca que no somos nada...

jueves, 7 de octubre de 2010

Sueños de Libertad.

Sueños de Libertad.
A mi compañero alado.

Mantenga el vuelo, camarada, que sólo volando se es realmente libre.
El aire de alamedas nos da qué respirar.
El cielo es nuestro, hermano.
Bien lo conocen nuestras pupilas que toda una vida lo recorrieron juntas,
vida eterna trunca antes de tiempo.
No cierre los ojos, compañero... el vértigo es lo que nos permite saber que aún estamos vivos.
Aún me parece ver su cuerpo arremolinado de felicidad, de plenitud, y hoy ya no distingo si es que está por encima de las cabezas o por debajo de un cóndor.
Una esperanza late en el pecho: volver a ser los que fuimos... dos cuerpos alados... ¡qué digo! Un par de alas con cuerpo...
Una certeza alborota las ideas: saber que es posible...
Pueblos de sal, caminos intransitables, paisajes hostiles han vislumbrado un instante de nuestras sombras bailarinas y, en ese mismo instante, nuestras almas quedaron desnudas y todo lo que éramos en potencia fue en una milésima de segundo...
Salte al vacío, amigo... que era lo mejor que sabía hacer por aquellos tiempos de parrales brillantes y noches excesivas...
Las estrellas, todas ellas, en su imposible infinitud limitada, han sido nuestro hogar; los soles de cada atardecer, nuestros tibios cómplices...
Las nubes de todos los tiempos nos reclaman... extrañan la rebelde juventud que nuestra locura irreconciliable regalaba al mundo...
No tenga miedo, mi niño... la tierra siempre estará bajo nuestros pies y el infinito por sobre nuestras ideas... y si la muerte llegara a encontrarnos en caída libre, sepa que ese mismo día el mundo, el universo entero, con todos sus cielos y todos sus pájaros, será por el resto de la historia nuestro...
Le voy soltando la mano, mi querido... recuerde que para poder volar, primero hay que dejarse caer...
Prometa seguir volando... seguir amando... seguir perfumando el viento con ese aroma tan suyo... tan parecido a los sueños de libertad...

Desde el fondo del abismo.


“En el fondo del abismo, sólo restan dos opciones:
buscar un motivo para subir o
resignarse a morir sin él”.
Y con la resignación acentuada en su voz dijo: “cuando te caigas me vas a encontrar tratando de sujetarte; soy consciente de que me quedan pocas fuerzas y que lo más probable es que caigamos los dos al vacío, pero eso no me asusta... sé que cuando necesite un par de brazos que me rescaten no los voy a encontrar, no vas a estar... está bien que sea así... tampoco me da temor eso... se nace solo y se muere de la misma forma, todo lo que sucede en el medio, la vida si querés, es pura ficción... la vida es complicada... es una mierda”.
“La vida es linda, la vida es linda”, repetía El. Ella no entendió si trataba de convencerla o convencerse... sea cual fuere su intención, pareció no lograr efecto en ninguno de los dos.
Con un tono que Ella le desconocía, le dijo: “Ahora me vas a escuchar”; quizás la sorprendió por ser demasiado mundano... quizás porque lo hacía parecer un hombre, un hombre castigado por una vida que El creía llena de nada, o mejor dicho, de recuerdos... Luego de eso, Ella perdió el sentido... sus oídos, su cuerpo entero no era capaz de resistir más castigos... sabía que estaba cayendo y la preocupaba saber qué tan lejos se encontraba el fondo... y estaba perdida en sus meditaciones pensando en el abismo de su ser cuando la realidad o El la interpeló casi con una súplica: “una vez te pedí un tiempo y me lo negaste, ¿me das un tiempo ahora?, ¿un tiempo como sostén?”. La respuesta cayó como por el mismo peso de la gravedad, sin ser pensada, puesto que el tiempo parecía demasiado escaso para los dos, o así lo percibía Ella... creo que es en esas circunstancias cuando las palabras apresuradas son las expresiones del alma... en este caso, un alma que se notaba desagarrada: “no... no puedo... la vida se me va esperando no se qué cosa... sé que no puedo sostenerme a mí misma, por eso no puedo esperar(te), quizás en algún tiempo me encuentres... pero no puedo asegurarlo”; en ese mismo instante pensó afligida: “¿y a mi qué me espera?”, y aunque no se animó a decirlo, se le adivinó en un gesto angustiado; se dio cuenta, entonces, que El ignoraba su situación: no se había percatado de que Ella ya no estaba ahí, que necesitaba una mano que la sujetara a algo firme antes de que pudiera averiguar qué tan lejos yacía el fondo; tampoco vio que en ese momento tuvo la certeza de que existen muchas formas de estar muerto... si hubiera posado aunque sea por un instante sus ojos en los de Ella, hubiera percibido que no estaba con la niña que había conocido varios años atrás, sino con una mujer que hacía tiempo deambulaba medio muerta por la ciudad y que con el último aliento que lograba provocar un sol que a veces le entibiaba la sangre buscaba una razón para seguir respirando.

Y después...
El Silencio...

No sabían cuánto tiempo había transcurrido, pero El parecía estar pensando seriamente en algo... Ella lo notó cuando descendió la marcha casi llegando a su casa para dejarla para siempre... se repetía a sí misma “una razón por la que morir, es un sentido por el cual vivir”, casi del mismo modo en el que El lo había hecho cuando (se) decía “la vida es linda, la vida es linda”...
Llegando a la puerta de su casa, no podía dejar de compadecerse por lo sola y vacía que se sentiría esa noche... se decía, para consolarse, que de todos modos se parecería mucho a la sensación que la agobiaba casi todos los días al caer el sol, cuando encontraba una cama demasiado grande para su cuerpo agonizante...
Creo que fue porque puedo ver la convicción que tenía Ella que decidió, por los dos, que dormirían juntos... Ella, que estaba demasiado sumergida en lo oscuro de sí misma, no comprendió que de alguna forma estaba decidiendo conservarla en su vida... fue recién al otro día, cuando ya no estaba El a su lado que lo entendió así y le agradeció por uno de eso medios que no dejan ver que tan triste se encuentra uno cuando no puede estar cara a cara con la persona a la que se le debe la última noche con algo de vida...
Reaccionó, prendió un cigarro en la cama mientras miraba el cielo gris y pensaba en qué debía hacer... se quedó dormida... volvió a despertar... prendió otro cigarro... ya no veía el cielo gris sino una fuerte lluvia... pensó si narcotizarse la ayudaría a apagar el dolor... se distrajo mientras comprendía que la herida del alma de alguna forma se había secado, pues no podía llorar y se preguntaba si era necesario encontrar brazos dispuestos a atajarla o si debía resignarse a morir estrellada en el piso en ese mismo momento... volvió a dormirse...
Luego de varias horas, despertó.
Desayunaba ojeando un periódico cuando una frase captó su atención: “Perforada, desangrada, ya estaba por caer bajo el efecto de los calmantes en el quirófano, pero alcanzó a hacer un anuncio a los médicos: 'Qué linda es la vida'. Y se le cerraron los ojos”. Recordó, entonces, la última vez que había experimentado esa sensación y en lo que El había repetido, una y otra vez, la noche anterior y se preguntó si no se lo estaría diciendo a ella... Pensó, por último, en la operación que El debería enfrentar dentro de dos días y en lo mucho que se parecían esas líneas a lo que estaban viviendo... Creo que fue en ese momento en el que sintió la necesidad de escribir esto...
Luego de repasar lo sucedido, encontró los rastros de lo que El había hecho sin sospechar que Ella estaba durmiendo en un agujero que parecía no tener fin... una toalla fuera de lugar, un cigarrillo apagado apresuradamente en un cenicero... se dio cuenta de que era verdad: vivía sola y si podía descifrar sus movimientos era por “esos pequeños detalles que hacen grande la vida” de los que le hablaba El...
Confundida, no sabía si lo volvería a ver... habían acordado un proyecto en común... se había quedado a dormir como forma de decir lo que con palabras no se puede transmitir al cuerpo (“no te quiero perder... estamos perdidos”)...
“Qué debo hacer... qué quiero hacer... estoy sola”, pensaba una y otra y otra vez desde hacía unos días... pero ahora, sus palabras resonaban con más fuerza: eran el eco desde el fondo del abismo.