martes, 19 de marzo de 2013

NA-ser.


Sudor saturado de recuerdos intoxicantes que como un gas lacrimógeno se impregnan hasta lo más profundo de lo que simplemente es; en frente mío, palabras, silencios, palabras: lo veo truncarse, se metamorfosea hasta ser sabia de lo que florece como un nuevo alguien en el frágil campo minado de las batallas vividas.
Un caleidoscopio de la humanidad resumida cabe en un rápido vistazo y, sin embargo, permite ver la tierna desnudez de lo que somos.
Cuarenta años en cinco minutos se deslizan cual imagen especular e invertida entre quienes jugando a los excesos se encontraron como solitarios corazones.
Un minuto más... inhalación-exhalación... una hora más... sístole-diástole: ocho meses limpiando el alma, purificando el oxígeno y las ideas.
El bullicio, detalle de la ansiedad compartida, anuncia el terror de nacer a conciencia de ello, por propia elección egoísta, como probeta, como dios: padre e hijo de sí mismo.
Lo miro, me sonríe mientras seco la última lágrima.
Ya es hora ¿tan rápido pasó el tiempo? Lo abrazo mientras siento cómo un invisible muro normalizador crece y se impone: él ya está adentro y yo, afuera con él .
  

miércoles, 6 de febrero de 2013

EVA-H-AVE


Recordando los futuros del pasado se pregunta en qué desvío se han perdido los segundos, los minutos y hasta las horas enteras de sus sueños precoces.
La habilidad de ver en el ayer y en el mañana la gloria y la ceguera permanente del hoy, pesan sobre las alas heridas de la niña vuelta mujer sin siquiera notarlo; repasa cada movimiento para encontrarse de camino a algún lugar que tal vez pueda llamar hogar: ¿Dónde quedó ese cuerpo desgarbado al que había que repasar dos veces para sentirlo? ¿Dónde se perdió aquel hálito que no llegaba a ser más que una tímida voz cuando la pasión lograba arrebatar palabras bruscas e inexpertas que ensayaban ser una objeción, un grito?
Recuerda aquella vez que practicó ser una viuda en París; cuando fingió ser invisible en el subte; la vez que se encontró tan lejos de su hogar paterno que pensó que no regresaría jamás. Y sin embargo, el error, la imprecisión siempre se imponen como un límite a la memoria y no queda más remedio que asumir que todo aquello es mentira: caminó por Ivry Sur Seine con una sonrisa a pesar de la congoja; aún cuando se convenció de ser un fantasma en una línea verde camino a la facultad, un niño tuvo la insensatez de sonreírle y revelarla; sintió temor por sentir temor de nunca más volver.
Falsea cada verdad pasada... Tantos pero tantos futuros se perdieron, titilantes, en algún lejano lugar del universo... Acepta, entonces, que sólo resta la torpe certeza del incierto presente, de aquello tan gigante y efímero que, sospecha, ninguna mente humana ha sido nunca capaz de simbolizar claramente.
“Hoy”, “Ahora”, “Ya”... Impone categorías que no corresponden a la lógica del tiempo en un vano intento de amordazarlo.
Repasa cronológicamente su vida para ordenar su mente. Intenta, desesperadamente, poder decir quién es: “Hoy, 26 de julio de 1987, a las 12:15 horas, nació”. “Hoy, 26 de julio de 1997, cumple diez años”. “Hoy, 26 de julio de 2009, siendo las 15:20 horas, decide terminar con su primer gran amor”. “Hoy, 26 de julio de 2010, a las 21:34 horas, va a descubrir que se puede amar por segunda vez en la vida”.
Así, la vida, su vida, se parece a frías palabras distantes que siquiera le pertenecen. Azares que poco tienen que ver con este preciso instante, con este fugaz segundo que acaba por robarle la palabra y su ser.



jueves, 18 de octubre de 2012

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Y no sé por qué extraña casualidad te encontré transfigurando versos de inexistentes lenguas, jadeando preguntas incomprensibles, llorando penumbras.
Respirabas el alba y tu aliento era el mío. Llegué a olvidar mi nombre, mi cuerpo, mis pensamientos. Llegué a adivinarte tan exactamente que confundí tu deseo con el propio.
Era un día como hoy, eran unas horas como estas; penaba mis amores no declarados, fantaseaba con otros destinos, y en tu desfachatez encontré consuelo.
Lamías mis ganas secando la cordura arrebatada y yo, sin quererlo, te dejaba. Hablabas seriamente y algo habré escuchado porque lograste persuadirme sin más: nos mentimos la ególatra verdad y, satisfechos, brindamos por ello hasta el olvido. Y el “después” y el “mañana” era algo tan vago que ni la culpa tuvo lugar.
Todo se encontró mezclado, fuera de lugar, y para cuando volvimos a ser uno y otro las palabras no alcanzaron.
Era un día como hoy, eran unas horas como estas, en las que suspiro de vez en cuando el vano recuerdo de dos cuerpos compartidos por extraña casualidad.  

jueves, 5 de julio de 2012

Mon amie, mon amour...

Perfumes alrededor... caminata por un mar de fuego que se tiende en las alturas. Sonrío en una tarde de primavera en pleno julio pensando en tu sonrisa. 
Caricia con manos de intuición. Pienso, siento, río: vivo.
Sos una tierna melodía que me salpica con rayos de sol.
Bebo de a sorbitos las palabras que salen de tu boca y llenan el vientre de mi alma juguetona, de mi fértil felicidad...
Y todo lo que deseo es confundirme en tu mirada de niño, en tus ojos de dulce néctar que me embriaga. Eso: emborracharme en vos hasta que pierda la consciencia de quién soy.
El día se presta a quemar el escozor que alguna vez pudimos sentir.
Equilibrio de pretensiones, circunstancias conjugadas, casualidades resueltas a truncarse causalidades... Destino que le dicen... 
Mon amie, mon amour: "le printemps c'est joli comme tes yeux d' enfant..."





martes, 29 de mayo de 2012

Hermano.


A mi hermano del alma: Fede.

Te apareciste calcado de experiencias interpretadas de disímiles maneras.
Como si nos conociéramos de una vida anterior, rápido sellamos la confianza en la adversidad.
Sin que nos importara demasiado qué pudieran pensar quienes nos rodeaban por aquel entonces, compartimos detalles con la complicidad de quien sabe la incondicionalidad del afecto.
En veloces madrugadas, sembramos cariño ahí donde nos habían dejado funesta sequía. Remendamos juntos las teorías de amor que habían surgido de la incomprensión. Vos, herido por una historia que intentamos interpretar y a la que dimos fin con una carta de despedida nunca entregada. Yo, espantada por una mala parodia de Edipo que hubiera devenido en locura de no ser porque encontré tu mano sujetándome a este mundo.
Fuiste aquel que me dio el necesario empujón para volar en las alturas. Aquel que nunca dudó de mi palabra, de mi; quien me acompañó con la palabra aún antes de conocernos las caras.
Estás presente en todo momento sin reclamar ni un segundo de mi vida.
Versión masculina de mi: espejo en el que mido mis aciertos; sos quien tiernamente señala mis errores. 
Hermano por azar, de la vida y de la suerte.



martes, 10 de abril de 2012

NOCHES BLANCAS...

Quizá me encuentre buscando en vos algo de lo que yo carezco.
Lluvia, amarga savia del viejo árbol de la memoria que quisiera borrar.
Escucho el silencio que socava mi ser. Siento la inacción plagando mis huesos.
La vida se torna un sueño dentro de un sueño del que se hace imposible distinguir la vigilia. El momento de claridad, fugaz instante tibio como el sol de septiembre, pierde consistencia al encontrarme despertándome una y otra y otra vez en mi cama oscura, entre mis sábanas del color de la inmensidad estrellada.
Calma. Exasperante calma.
Siquiera mi voz rompe la inagotable monotonía de las gotas.
Cae mi cuerpo como el agua al río. Silencio. Sospecho una sonrisa enredada entre la penumbra. Adivino la existencia de ese otro que yace al lado mío y que no puedo ver, que aún no puedo descifrar, que tal vez nunca conozca. Un vacío profundo apuñala algo que se encuentra dentro mío. Toma mi mano y quema mi piel.
Angustia mordaz deja su huella en mi rostro y se confunde con el temporal.
El deseo por aquello que nunca vamos a conseguir nos resigna.
Quizá no sea ya capaz de compartirme y sin siquiera saberlo te culpo por ello.
Siento que pasan los días y sólo va quedando un destello de aquellos que supimos ser.
Cae el cielo. Aún continuamos solos, uno al lado del otro pero solos.
Las necesarias palabras que alguna vez callamos nunca podrán recuperar su tiempo perdido.
Y esta lluvia que no cesa, y esta noche que sólo da lugar a otras noches más largas, a unas noches blancas.


martes, 10 de enero de 2012

HOLA.

Cuatro soles en un cielo estallado asoman por el desierto pero nadie los ve. O quizá sólo sea uno grande que refracta en espejos de agua inmaculada.
Un gato ladra amores perros pero yo no entiendo su lengua.
Rodante bola cristalina despega de la piel y se suicida sin siquiera decir adiós. Otra la sigue, tímida, única, transparente como la calma y sin embargo... es motivada por una fuerza totalmente distante a ella, se sostiene, resiste su fatal destino, su inevitable realidad.
Es el momento previo al principio del fin del principio.
Mastico un silencio pronunciado, repaso mentalmente todas las posibles alternativas. De nada sirve. Cae la segunda gota al vacío quedando suspendida en el aire una milésima de segundo que percibo como una eternidad...
Temo... doy un paso hacia atrás... respiro hondo...
Un viento pesado repasa cada uno de mis cabellos... lo siento como si fueran las manos invisibles de un viejo y conocido mensajero que ahora se torna raro, ajeno completamente.
Sólo me consuela el alivio de qué sólo existe una primera vez... Quizá sólo sea la única vez.
Tiempo: medida inalcanzable de todo que siendo deja de ser. Todo pasado fue mejor porque al pasado corresponden las certezas que nos dan seguridad... Al pasado corresponde la muerte, siempre ya realizada, plena... la vida en su máximo potencial... Ironía del tiempo que mientras es, fue... Y sólo son cinco minutos los que tengo para arrepentirme, para inventar una excusa y salir corriendo y fingir que nunca he transitado por estos caminos.
Cómo secuestrar una partícula de tiempo y hacerla mía... hacerla mi certeza ahora, ya, sin que se me escape al recuerdo, sin que muera ya realizada...
Y la imposibilidad de llegar a mañana... y el presente que se hace memoria...
Cómo comprender el tiempo si un amanecer menos es un amanecer más...
Si cada instante ya pasó, si el mañana nunca llegará, si sólo con la muerte se paraliza el tiempo, si el recuerdo de lo que es, es memoria de lo pasado... cómo vivir hoy si es ayer vivido.
Me pregunto si el aire está calurosamente frío o si por el contrario es el frío el que me quema la piel... Intento descubrir si sólo es mi impresión o si quienes pasan a mi lado también lo sienten así. Parecen no notarlo, parece ser que me he vuelto invisible en algún momento de mi meditación...
Un escalofrío juega con mi compostura. Intento dominarme. Ya pasó, lo logré.
¿Qué hacía yo? Ah! Sí! Pensaba.
Se acerca... no logro descubrir su intención. Clavo firme mi mirada en sus ojos. Creo que me nota, que puede verme ¡Creo que ya no soy invisible! Retiro violentamente mi mirada y por un segundo me parece ver mi niñez disfrazada de anciana antes de que mis ojos encuentren el piso.
Recuerdo aquel día en el que me besaron por primera vez... ¿O acaso esa fue la segunda vez? ¿Por qué pienso en estas cosas en un momento como este?
Levanto la cabeza: ya está frente mío.
Trago saliva, disimulo la fatiga y al fin me digno a enfrentar un futuro pasado: Hola.